Dieta Depurativa

Dieta Depurativa ¿Verdad o mentira?

Las dietas de desintoxicación o depurativas, también llamadas “Detox”, son dietas que actualmente están de moda, las cuales pretenden facilitar la eliminación de toxinas y la pérdida de peso, prometiendo así salud, estética y bienestar general. Estas dietas utilizan estrategias como el ayuno, la restricción de cierto alimentos, alimentación a base de zumos o dieta líquida e incluso la utilización de laxantes, diuréticos, vitaminas, minerales y / o “alimentos depurativos”. Pero…¿qué hay de cierto en todo esto?

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Para la medicina convencional, el término “toxina” se refiere a una sustancia venenosa producida por células vivas u organismos, como animales, plantas, bacterias y otros organismos biológicos, donde la toxicidad de esta sustancia viene graduada por su dosis. Sin embargo, en el contexto de las dietas depurativas comerciales, el término “toxina” ha adoptado un significado mucho más amplio e indefinido que abarca desde contaminantes ambientales, productos químicos sintéticos, metales pesados, alimentos procesados ​​y demás productos presentes en nuestra vida cotidiana. Según esta premisa, cualquiera debería “depurar” su organismo de todas estas sustancias con las que convivimos. Aquí es donde entra el marketing comercial: primero nos muestra la necesitad de “depurar”,  y a continuación nos ofrece cubrir esa necesidad con una gama de productos “depurativos” con los cuales nos dejarán depurado pero más bien nuestro bolsillo.

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Es cierto que vivimos en una época donde nos rodean diferentes productos químicos nuevos y no todos son inocuos. Según el National Toxicology Program (1) más de 80.000 productos químicos están registrados para su uso en Estados Unidos, de los cuales unos 2.000 nuevos se estima que se introducen cada año en alimentos, productos de higiene personal, medicamentos, etc. Muchos de estos compuestos acaban en nuestro organismo y aunque deben pasar controles que demuestren su seguridad a cierta dosis, se desconoce su efecto a dosis mayores y también la interacción entre ellos. En este sentido, tiene más lógica minimizar la exposición a los tóxicos que puedan provocarnos efectos adversos, que intentar limpiar nuestro cuerpo con remedios que se anuncian milagrosos. Entre estos tóxicos se encuentran los ftalatos, los cuales se utilizan en cosméticos, envases de alimentos, juguetes de plástico, etc (2) y también el bisfenol A (BPA), que se utiliza comúnmente en los envases de plástico y en latas de refresco. Estos compuestos se han relacionado con numerosos problemas de salud como cambios endocrinos, enfermedades cardiovasculares, diabetes y especialmente sensible a estos tóxicos son los recién nacidos (3,4).  

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Una dieta depurativa no va a ayudar a eliminar estos tóxicos más allá de lo que nuestro cuerpo ya hace por sí solo. El cuerpo humano ha desarrollado mecanismos muy sofisticados para la eliminación de toxinas por sí mismo, sin la necesidad de estar a base de zumos o extractos de hierbas. Contamos con órganos como el hígado, los riñones, el sistema gastrointestinal, la piel y los pulmones, que juegan un papel fundamental en la excreción de sustancias no deseadas (5).  Estos órganos desintoxicarán la sustancia química dependiendo de su naturaleza y su dosis, pero no por la acción de ningún producto en concreto. Por tanto, no existe evidencia que apoye el uso de dietas depurativas para eliminar sustancias tóxicas del cuerpo. Sin embargo, sí es cierto de que hay estudios preliminares que relacionan ciertos componentes nutricionales con la mejora de la eliminación de tóxicos, especialmente con los metales pesados. Hay evidencia de que el cilantro, el ácido málico (que se encuentra en las uvas y el vino), ácido cítrico (que se encuentra en los cítricos), ácido succínico (que se encuentra en las manzanas y arándanos), la pectina cítrica (que se encuentra en la cáscara y la pulpa de cítricos) y la Chlorella (un tipo de alga verde) tienen propiedades naturales de atrapar a  metales tóxicos y por tanto ayudar al cuerpo a eliminarlos (6-9).  

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Respecto a la pérdida de peso, uno de los principales reclamos que hace la industria de los productos “detox” es que adelgazan, sin embargo, tampoco existen estudios científicos que hayan investigado la eficacia de estas dietas para perder peso, por lo que sólo podemos extrapolar los estudios de otras dietas, los cuales se sabe que por lo general la mayoría tienen un éxito estimado de apenas un 20% (10). Una explicación de que este tipo de dietas tan restrictivas no produzca efecto se debe a nuestra capacidad humana para defendernos de la pérdida rápida de peso. La restricción calórica severa puede generar mecanismos compensatorios en el cuerpo que estimulan el apetito y reducen la tasa metabólica, por lo que es difícil mantener una buena adherencia a esta dieta y el abandono puede generar una posterior rápida subida de peso (11-12).


Con todo ello, en lugar de gastarnos el dinero en productos depurativos o seguir este tipo de dietas, doy los siguientes 3 consejos:

1 – Disminuir la exposición a compuestos químicos que aún no conocemos del todo sus efectos en nuestra salud como los ftalatos y el Bisfenol A,  y evitemos otros tóxicos más comunes que sí sabemos que nos perjudican como el alcohol o el humo del tabaco.

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2- Cuidemos la alimentación, con especial atención en aumentar el consumo de frutas, verduras, hortalizas, especias y demás productos de origen vegetal. Como hemos mencionado, este grupo de alimentos sí contienen compuestos bioactivos que nos ayudan contra sustancias tóxicas.  En cuanto a la dieta, el objetivo primordial es desarrollar habilidades y estrategias de comportamiento necesarios para efectuar los cambios a largo plazo en la alimentación, como por ejemplo, disminuir progresivamente el consumo de alimentos industriales o muy procesados que incluyen gran cantidad de azúcares, grasas trans y son pobres en nutrientes.

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3-No olvidar la manera más barata y eficaz de eliminar toxinas, que es con el sudor de la actividad física.

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Referencias Bibliográficas  

  1. National Toxicology Program. http://ntp.niehs.nih.gov/about/index.html (2015).
  2. Schettler T (2006) Human exposure to phthalates via consumer products. Int J Androl 29, 134–139.
  3. Newbold RR, Jefferson WN and Padilla-Banks E (2007) Long-term adverse effects of neonatal exposure to bisphenol A on the murine female reproductive tract. Reprod Toxicol 24, 253–258.
  4. Von Saal FS and Myers JP (2008) Bisphenol A and risk of metabolic disorders. JAMA 300, 1353–1355.
  5. Anzenbacher P and Anzenbacherova E (2001) Cytochromes P450 and metabolism of xenobiotics. Cell Mol Life Sci 58, 737–747.
  6. Aga M, Iwaki K, Ueda Y et al., (2001) Preventive effect of Coriandrum sativum (Chinese parsley) on localized lead deposition in ICR mice. J Ethnopharmacol 77, 203–208.
  7. Domingo JL, Gomez M, Llobet JM et al., (1988) Citric, malic and succinic acids as possible alternatives to deferoxamine in aluminum toxicity. J Toxicol Clin Toxicol 26, 67–79.
  8. Huang Z, Li L, Huang G et al., (2009) Growth-inhibitory and metal-binding proteins in Chlorella vulgaris exposed to cadmium or zinc. Aquat Toxicol 91, 54–61.
  9. Ren H, Jia H, Kim S et al., (2006) Effect of Chinese parsley Coriandrum sativum and chitosan on inhibiting the accumulation of cadmium in cultured rainbow trout Oncorhynchus mykiss. Fish Sci 72, 263–269.
  10. Wing RR and Phelan S (2005) Long-term weight loss maintenance. Am J Clin Nutr 82, 222S–225S.
  11. Sainsbury A and Zhang L (2010) Role of the arcuate nucleus of the hypothalamus in regulation of body weight during energy deficit. Mol Cell Endocrinol 316, 109–119.
  12. Pankevich DE, Teegarden SL, Hedin AD et al., (2010) Caloric restriction experience reprograms stress and orexigenic pathways and promotes binge eating. J Neurosci 30, 16399–16407.